¿Problemas con tu pedido? ¡Escríbenos y lo solucionamos!

 

COLUMNA

La gruta Azul... que no 

era negra

05 DE ENERO DE 2019

Hace muchos años estuve con dos parejas de amigos recorriendo la costa Amalfitana. Estando en la playa de Positano vimos un cartel que invitaba a arrendar un bote para navegar hasta la isla de Capri, ubicada un poco mas al norte. Decidimos arrendar un zodiac que debíamos manejar nosotros mismos, aprovechando además el relajo y las pocas reglas de los italianos.

POR MARCELO COMPARINI, PERIODISTA 

@MARCELOCOMPARINI

Uno de los lugares mas atractivos de Italia es la Costa Amalfitana. Las playas, los pequeños pueblos y el camino costero excavado en el acantilado son realmente espectaculares. 


Hace muchos años estuve con dos parejas de amigos recorriendo esa zona. Estando en la playa de Positano vimos un cartel que invitaba a arrendar un bote para navegar hasta la isla de Capri, ubicada un poco mas al norte. Decidimos arrendar un zodiac que debíamos manejar nosotros mismos, aprovechando además el relajo y las pocas reglas de los italianos (sus instrucciones para llegar a la isla, que no se veía a simple vista, fueron: “derecho, derecho”, apuntando en una dirección en el mar y su cara de “para-que-sirve-eso” cuando les preguntamos si había que ponerse salvavidas). 


La verdad es que la navegación fue muy sencilla, pues al dar vuelta una puntilla ya vimos a lo lejos la Isla de Capri y nos encaminamos hacia allá sin problemas. En el camino aprovechamos de leer acerca de Capri para decidir qué iríamos a ver, pues no teníamos mucho tiempo. Así fue como llegamos a la conclusión de que lo que más nos convenía hacer era ir a la famosa Gruta Azul, una formación rocosa en la costa de la isla que permite que la luz del sol ilumine el fondo marino mientras uno recorre en bote sus cavernas. 


Cuando llegamos a la isla, nos fuimos bordeando la costa hasta encontrar la entrada a la gruta, que resultó estar, como era predecible, atestada de turistas esperando su turno para entrar. La gruta tiene solo una pequeña entrada por la que ingresan botes a remo (similares a los botes de pescadores chilenos), en los que caben seis pasajeros junto al botero, al que hay que pagarle un importe como guía y chofer. Negociamos con uno de los boteros, Paolo, amarramos nuestro Zodiac y nos pusimos a la cola de los turistas.


Así fue como llegamos a la conclusión de que lo que 

más nos convenía hacer era ir a la famosa Gruta 

Azul, una formación rocosa en la costa de la isla que 

permite que la luz del sol ilumine el fondo marino 

mientras uno recorre en bote sus cavernas. 


En este punto debo explicar que era un día esplendoroso, de un sol radiante, por lo que, desde el embarque en Positano, todos nos habíamos protegido con sombreros, factor solar y anteojos oscuros. Yo había podido lucir mis nuevos anteojos oscuros RayBan con aumento que me había mandado a hacer especialmente antes de viajar.

Estaba feliz. 


De pronto alguien cantó nuestro número y Paolo nos dijo que nos preparáramos. La entrada era tan estrecha y baja que había que acostarse en el bote para no chocar con la cabeza en la roca. Lo hice y, cuando me enderecé, quedé asombrado, pues estaba completamente oscuro y lo único iluminado era el mar, bajo nosotros. Paolo se puso a cantar, a lo Gondolieri, tonadas italianas para evitar chocar con otros boteros en algún recodo de las cavernas, según nos explicó. La verdad es que yo estaba un poco decepcionado. Podía ver el mar levemente iluminado, pero todo el resto era una boca de lobo. Me había imaginado que el mar color calipso iba a ser mucho mas brillante. Pasaron algunos minutos y me empezó a llamar la atención las exclamaciones de asombro de mis amigos. No era para tanto. Ya me estaba preguntando cuanto iba a durar el recorrido, cuando Paolo, probablemente atento a mi cara de “¡¿esto era?!” me miró condescendientemente y, con mucha ternura, me dijo: “eh, ragazzo, sácate tus anteojos”. Ahí me di cuenta que no me había quitado los anteojos oscuros. Al hacerlo me inundó, en partes iguales, la sorpresa de un espectáculo maravilloso y la vergüenza por lo inepto que había sido. 


Era realmente increíble el color del mar, turquesa, brillante, impresionante. Lamentablemente, solo quedaban algunos segundos del recorrido y me había perdido gran parte del espectáculo. Salimos de la gruta y yo me quedé un buen rato mirando mis anteojos, como diciéndoles, “por qué no me avisaron, malditos”.

COMPARTIR

La democratización

del Denim


Preparando expectativas

La democratización

del Denim

Preparando expectativa

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Los anteojos de sol que marcaron a Hollywood

Los accesorios de sol han dejado de ser un complemento y han compartido el protagonismo con los actores que los han usado en la industria de Hollywood. 

¿Demasiada pantalla? Como aliviar el stress o fatiga ocular

Vivimos literalmente pegados a las pantallas. Nuestros ojos frente al celular o el computador son los grandes afectados, provocando cansancio visual.

5 tendencias para mirar 

el sol

Recopilamos varios consejos de expertos fashion y de las mejores revistas de moda para adelantar cuáles serán los lentes de sol que la romperán esta temporada.

Grabar otro video

Borrar video